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domingo, noviembre 19, 2006 | 7:02:00 PM |





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  1. El blog hará explosión, todos los post se autodestruirán por el bien de la humanidad.
  2. Las autoras revelan que Materia Invisible es Botellita de Jerez , Infinito Coleccionable es Materia Invisible y Botellita de Jerez es Infinito Coleccionable y que el negro de la foto no es negro sino blanco.
  3. Cierran el blog y se dedican a la carpintería extraterrestre.
  4. La cuenta regresiva solo es una estrategia de las autoras para atrapar lectores curiosos, solo quieren generar expectativa y aumentar sus visitas, lo único que harán será publicar el resultado de esta ridícula encuesta y mirar detenidamente la reacción de sus "astutos lectores". En este blog a las autoras les encanta experimentar con sus lectores, no es la primera vez que lo hacen.
  5. Un haz de de luz borrara todo rastro del Dejavú Transpersonal de su memoria, nuestra realidad solo es el sueño apocalíptico de un escarabajo gigante.
  6. Yo solo buscaba información de Daddy Yankee y llegué a esta página. Ni siquiera sé que es un bloc.
  7. Cierran el blog. Infinito Coleccionable adopta un niño africano, Botellita deja Greenpeace y se une a Texaco, Materia Invisible se tomó demasiado en serio su nick, de ella no se supo nunca mas, se dice que va grupos de autoayuda por una grave crisis de identidad (e invisibilidad).
  8. Sus integrantes confiesan formar parte de la agrupación Deseo.

Escoge UNA opción y déjala en la caja de comentarios.
 
viernes, noviembre 10, 2006 | 1:45:00 PM |





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El triunfo de Baco, Velásquez.


Tengo una amiga que le ha escrito odas a la cerveza, que comienzan con: “Oh tú, biela tú…”

Mucho se ha discutido sobre el alcohol y sus efectos sobre la conducta humana, algunos positivos y otros extremadamente nocivos. Pero mi intención no es emitir juicios, me limito a divagar sobre la extraña magia que tiene la droga social más ampliamente aceptada del mundo.

Para mí, el alcohol actúa en dos direcciones: influye en la forma en cómo se proyecta la conciencia hacia adentro, y cómo se proyecta hacia afuera.
Casa adentro, actúa como un depresor primario y continuo del sistema nervioso central. En otras palabras, tiene un efecto sedante sobre todo el equipamiento de control que posee nuestro cuerpo. Es decir, cuando dejamos de prestar tanta atención a los estímulos externos (al estar los sentidos y la coordinación motora fina doblegados), pasamos a tener un sentido de la realidad alterado, y por ende moldeable a nuestra conveniencia, que desinhibe nuestro comportamiento al darnos una sensación (falsa, dirán algunos/as) de poder y bienestar.

Casa afuera, y como consecuencia de este relajamiento de nuestra generalmente rígida visión del yo en el contexto, se alivia la ansiedad que usualmente acompaña la socialización. Curiosamente, a pesar de tratarse de un depresor, los efectos que se manifiestan son el de un estimulante, y se producen euforia, excitación, y seguridad. Por ello, el alcohol es un excelente lubricante social, que une a todo tipo de personas y anima cualquier fiesta.

En mi caso, el alcohol actúa en etapas, que (con ciertas variantes) he identificado como:

1. Botellita hecha la dura
Como usualmente llego tarde a la fiesta, encuentro que ya se han formado grupos de socialización afines (los amigos del trabajo, los ex-compañeros del colegio o universidad, el equipo de fútbol, entre otros). Me niego a tomar cualquier bebida alcohólica que se esté sirviendo, y prefiero una “colita” o agua para tener algo en las manos. Me siento en un rincón con expresión tímida y ausente, y me dedico a mirar a la gente del entorno a ver si identifico a algún/a conocido para entablar conversación.

2. Botellita comienza a “igualarse”
Acepto un trago de algún conocido que insiste en que tomemos para recordar buenos tiempos. El trago está fuerte, así que hago una mueca (graciosa, eso sí) de desagrado. El segundo trago sabe un poco mejor. Sigo sentada, aunque he adelantado posiciones, abandonando al/la conocido/a aburrido/a para aventurarme en nuevos territorios. Para esto ya le he echado el ojo a algún galán de buen ver.

3. Botellita se divierte
Descubro que el tercer trago está buenísimo, y al cuarto ya me he apoderado de la jarra con la mezcla venenosa y obligo a toda persona (conocida o desconocida) a brindar conmigo. Ya no estoy sentada, sino de pie, entablando una conversación amena con el galán de mi agrado y sus amigos/as.

3. Botellita profesional del karaoke
Si acaso la fiesta cuenta entre sus entretenimientos con un equipo de karaoke, monopolizo el micrófono y el libro de canciones, y canto con el alma grandes temas musicales de ayer y hoy (infaltables Selena y Rocío Dúrcal), acompañados de coreografías y del quinto trago. La gente canta conmigo o me acompaña con “las palmitas”. El galán y yo cantamos a dúo.
Si no hay karaoke me dirijo al billar, donde, con gran maestría (llámese suerte de principiante), me gano el respeto de los/as jugadores/as metiendo tres bolas seguidas. El galán y yo hacemos un gran equipo y ¡somos imbatibles!

4. Botellita reina de la pista de baile
Me hago amiga del/a DJ de turno haciendo un brindis con mi sexto trago por la música de los ochentas (que ni siquiera me fascina) y así, sin mucho esfuerzo, tengo bajo mi control el soudtrack de la fiesta. Entre mis preferencias para el momento están la salsa, la cumbia, y algún temita popero que esté de moda (aunque se hagan los/as exquisitos/as, todo el mundo en la fiesta sabe la letra y la corea mientras hace gala de sus mejores movimientos).
Observo cuidadosamente el contexto y decido si es el momento oportuno de poner reggaetón, o si encontraré resistencia de algún/a antipático/a (cosa que no me importa en absoluto porque igual el/la que recibe las quejas es el/la DJ). Bailo con el galán de mi agrado y conmino a la gente a hacer “bomba” y/o “trencito”.

5. Botellita con el NO flojo
Para esto, ya no llevo la cuenta de cuántos tragos me he bebido. El galán intenta llevarme a “lo oscurito” para “conversar con tranquilidad”. Dudo, pero finalmente me parece una buena idea. Rumbo a “lo oscurito” dudo nuevamente y cambio de parecer. De entre el alcohol salta un destello de lucidez y vuelvo con los/as amigos/as, a salvo del galán y su audacia peligrosamente convincente. Tendré el NO flojo, pero ¡conmigo se equivoca si se piensa que soy fácil!, ¡yo soy una dama!

6. Botellita se comunica
En este punto me he olvidado del galán de la fiesta y lo he dejado con algún número de celular falso. Lo reemplazo por la nostalgia de algún amor fallido que no esté presente, a quien empiezo a enviar mensajes de texto sin importar la hora de la noche o la madrugada, con contenidos reveladores o simplemente líricos. En el mejor de los casos no contesta (mis amores fallidos son generalmente nerds que se acuestan temprano). Me deprimo o me pongo belicosa, y me dispongo a abandonar la fiesta.

7. Botellita se arrepiente y vive el Evangelio
La resaca o chuchaqui es el compañero inseparable del alcohol. Al día siguiente me despierto golpe de mediodía con la cabeza a reventar, reviso el celular y compruebo que soy una bestia. Hago un rápido reporte mental de daños, bebo tres litros de agua, y prometo no volver a ingerir bebidas alcohólicas en lo que me resta de vida. Los/as panas, que están en mi mismo estado, se comunican y sugieren cebiches y cerveza (la cerveza NO cuenta como bebida alcohólica). El galán de la fiesta hace su aparición en la cebichería y generalmente no nos dirigimos la palabra, yo por pudor, y él por orgullo (ha descubierto que le di un número de celular falso).

En realidad, bendigo las resacas o chuchaquis, pues son el alto precio se que paga por la diversión con el dios Baco.
Si no fuera por ellos, gente como yo tendría un serio problema con el alcohol, viviría permanentemente en estado etílico, o sería cliente VIP de AA.

Les tengo miedo a mis adicciones, que pueden llegar a ser muchas y muy variadas. El proceso se repite cíclicamente hasta que, finalmente, deja de ser divertido y lo dejo, no por convicción, sino por hastío. Cuando aquello sucede confirmo que estoy madurando, o que, tal vez, simplemente estoy un poco mayorcita para tanta huevada.


El dos es un patito mirando hacia la izquierda.
Autora: mi profesora de kinder
(que no cursé dos veces, como ciertas señoritas han confesado).
 
miércoles, noviembre 08, 2006 | 12:48:00 AM |